Cada cual en su sitio

La deuda de gratitud que los españoles tenemos con Francia por su generosa contribución a la lucha contra la banda terrorista ETA ha vuelto a ensancharse tras las importantísimas detenciones del martes. Como ha dicho el ministro Rubalcaba, “no es una operación más”. Los detenidos son nada menos que la nueva cúpula militar y política de la banda, incluido su máximo jefe, Francisco Javier López Peña, a quienes las fuerzas de seguridad atribuyen tanto la orden de romper la última tregua como todos los atentados que se han producido desde entonces: el asesinato de Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate en la T4, el asesinato del ex concejal del PSOE Isaías Carrasco en plena campaña electoral del 9-M, el coche bomba contra la casa cuartel de Legutiano que la semana pasada segó la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel. La noticia, excelente, y la satisfacción doble. En primer lugar porque estas detenciones demuestran que el Estado de Derecho nunca defrauda cuando se apuesta por él.

Estos indeseables ya están donde deben, que no es camuflados en la calle entre las gentes de bien de Francia ni de España, sino entre rejas. Su detención ha sido posible gracias a la colaboración internacional contra el terrorismo. Y aunque a los españoles nos gustaría verles extraditados cuanto antes a nuestro país para que respondan ante la Justicia española de los crímenes que aquí han perpetrado, el compromiso absoluto de Francia contra esta mafia ha convertido la extradición en una cuestión “de matiz”. Aquí ya si es posible, o allí si antes tienen que saldar sus cuentas con la Justicia francesa, lo importante es que estén en la cárcel*aquí, o allí.

El segundo motivo de satisfacción es que el gobierno y el principal partido de la oposición vuelven a ser una piña contra ETA, tras la absurda división que protagonizaron a porfía en anterior Legislatura. No ha sido poco ni leve el daño que la ruptura de la unidad de los demócratas ha causado a las víctimas de ETA y a toda la sociedad; pero el viento ha cambiado. La lección a aprender es, en realidad, una lección a recordar.

Todas las treguas de ETA han sido una trampa, también la última. Como sus predecesores en el intento y en el fracaso, el presidente Rodríguez Zapatero parece fiar ahora a la derrota de ETA lo que antes fió al diálogo. La lección a recordar -ojalá nunca volvamos a olvidarlo – es que ETA no busca salvar la cara sino derrotar a la democracia. Que con ETA no hay nada que dialogar, y que la unidad de los demócratas es y ha sido nuestra mejor arma. Preservarla de las luchas partidarias es ha sido la única forma de que ETA pierda la esperanza de ganar.

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