Mujeres cientificas españolas en la historia

Sophia brahe

El acto, al que asistieron personas de todas las comunidades autónomas, rindió homenaje a cerca de 200 mujeres que, con su trabajo, impulsaron, y siguen haciéndolo, el crecimiento de la ciencia española y que son hoy un ejemplo para las nuevas generaciones.

El programa del acto incluyó un vídeo en conmemoración de las científicas homenajeadas, tanto las que siguen desarrollando su labor investigadora como las ya jubiladas o fallecidas. Dos de estos pioneros hablaron en nombre de todos sus compañeros, Dolores Cabezudo, química, profesora de investigación jubilada del antiguo Instituto de Fermentaciones Industriales, actualmente ICTAN, y Tarsy Carballas, profesora de investigación ad honorem del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia en Santiago de Compostela.

Entre el grupo de pioneros homenajeados, han destacado los perfiles de algunos que trabajaron en la CIB: La profesora ad honorem Matilde Sánchez Ayuso, bioquímica que ha centrado su carrera en el estudio de las bases moleculares de la enfermedad de Alzheimer, y las ya fallecidas Consuelo de la Torre (1937-2014), experta en el estudio de la multiplicación celular, y Carmen Gil Fernández (1929-2018), experta en virología y pionera en la técnica de los cultivos celulares.

Mae c. jemison

La presencia de las mujeres en la ciencia se remonta a los primeros tiempos de la historia de la ciencia, en la que han realizado importantes contribuciones. Los historiadores interesados en el género y la ciencia han investigado los esfuerzos y logros científicos de las mujeres, las barreras a las que se han enfrentado y las estrategias aplicadas para que sus trabajos sean revisados y aceptados en las principales revistas científicas y otras publicaciones. El estudio histórico, crítico y sociológico de estas cuestiones se ha convertido en una disciplina académica por derecho propio.

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La participación de las mujeres en la medicina se produjo en varias de las primeras civilizaciones occidentales, y el estudio de la filosofía natural en la antigua Grecia estaba abierto a las mujeres. Las mujeres contribuyeron a la protociencia de la alquimia en los siglos I o II d.C. Durante la Edad Media, los conventos religiosos fueron un importante lugar de educación para las mujeres, y algunas de estas comunidades ofrecieron oportunidades para que las mujeres contribuyeran a la investigación académica. En el siglo XI surgieron las primeras universidades; las mujeres quedaron excluidas, en su mayor parte, de la educación universitaria[1] Fuera del ámbito académico, la botánica fue la ciencia que más se benefició de las aportaciones de las mujeres a principios de la Edad Moderna[2] La actitud hacia la educación de las mujeres en el campo de la medicina parece haber sido más liberal en Italia que en otros lugares. La primera mujer conocida que obtuvo una cátedra universitaria en un campo de estudios científicos fue la científica italiana del siglo XVIII Laura Bassi.

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Barbara mcclintock

La concesión en 2020 del primer Premio Nobel de la ciencia a un equipo formado únicamente por mujeres -Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna, ganadoras del Premio de Química por su creación de la herramienta genética CRISPR- nos recuerda que en el siglo XXI se siguen alcanzando hitos para la ciencia femenina. Y esto hace aún más sorprendentes los escasos ejemplos de mujeres pioneras que en su día eligieron la ciencia como vocación, sobre todo cuando ello supuso renunciar incluso a su propio nombre por un seudónimo masculino para que su trabajo pudiera ser reconocido. Este fue el caso de una figura excepcional y poco celebrada, la matemática María Andresa Casamayor de La Coma. Pero, afortunadamente para nosotros, la única mujer de ciencia española del siglo XVIII que dejó obra publicada, supo recurrir a un hábil truco para que la autoría de su obra quedara sólidamente establecida.

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Es tan poco lo que se sabe de Casamayor (30 de noviembre de 1720 – 23 de octubre de 1780) que algunos breves detalles de su todavía oscura biografía sólo se han podido conocer gracias a un documental rodado en 2019 y a una investigación de los matemáticos Julio Bernués y Pedro J. Miana, de la Universidad de Zaragoza, cuna de esta pionera. Así, sabemos que creció en el seno de una familia numerosa de origen francés que se dedicaba al negocio textil. Su época fue propicia para la ciencia y el saber, ya que se encontraba en pleno apogeo de la Ilustración, aunque en gran medida ésta estaba vedada a las mujeres.

Científicas famosas

1. Dr. Carlos Juan Finlay – Finlay fue un epidemiólogo que descubrió que la fiebre amarilla la transmiten los mosquitos. Esta innovadora conclusión es responsable de haber salvado innumerables vidas. Aunque hizo el descubrimiento en 1886, las pruebas que presentó para esta conclusión fueron ignoradas durante 20 años. La revelación de Finlay contribuyó a la erradicación de la enfermedad en Panamá y Cuba, y al hacerlo, ayudó a impulsar la finalización del Canal de Panamá, ya que su construcción se retrasaba a menudo por los brotes de fiebre amarilla.

2. Dr. Severo Ochoa – Los avances que hemos visto en las vacunas de ARNm no serían posibles si no fuera por el descubrimiento del Dr. Ochoa de una enzima que puede sintetizar ácido ribonucleico. En última instancia, la investigación de Ochoa fue clave para desarrollar una mayor comprensión del código genético humano. Ochoa fue el primer hispanoamericano en ganar el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959.

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3. Dra. Ildaura Murillo-Rohde – Tras comprobar de primera mano durante sus estudios de enfermería el escaso número de enfermeras hispanas que atendían a las comunidades hispanas de San Antonio, Texas, Murillo-Rohde dedicó gran parte de su carrera a cambiar esta dinámica. . Finalmente, la carrera de Murillo-Rohde culminó al convertirse en la primera decana hispana de enfermería en la Universidad de Nueva York y al fundar la Asociación Nacional de Enfermeras Hispanas para defender a las enfermeras latinas. La Academia Americana de Enfermería la nombró “leyenda viva” en 1994.